Travel Advent Dec. 21: El Hombre con su Casa a Cuestas

Había un hombre que caminaba llevando su casa como una mochila. Sé que estás pensando — ¿y qué ? no es raro ver un mochilero con su casa a cuestas, — pero no era una mochila con una bolsa de dormir y una carpa —. Esto era una casita, como una casa para muñecas, que llevaba el hombre. El hombre, el cual se llevó su casa a cuestas, estaba caminando fuera de toda la civilización, dentro de un bosque misterioso y oscuro. Estaba caminando, y su barba larga flotando en el aire fresco, caminando encima del musgo esponjoso. ¿Dónde caminaba? no sé. Pero sabemos que el hombre cuya barba estaba flotando alegremente, era libre.

  El hombre caminaba dentro del bosque durante un rato que se sintió más bien como meses. Pero se centro emocionadamente en ser libre, y no se preocupó en las cosas fuera del bosque. Un día, estaba caminando cuando olió el fuego en un hogar. Lejos de él, pudo ver una casa roja con humo escapando de la chimenea. Caminó cerca y golpeó por la puerta vieja, un niño abrió la puerta llevando unos pantalones de cuero y una camisa de franela y un humo de fuego y olor a pan nuevo saliendo de la puerta. 

“¿Quién es usted?” cuestionó el chico. 

“Soy el hombre que camina con su casa a cuestas, el cual puede ver hasta el futuro. Estuve caminando en el bosque por meses y necesito una cama y un baño para refrescarme. ¿Están sus padres aquí adentro?”

“Solo vivo aquí con mi padre y él fue al río para colectar hongos. Pero el va a volver en un ratito y puedo darle una sopa y un té para calentarse.”

“Me parece perfecto comer un poco. A cambio, puedo darle “echar un vistazo” a su futuro.” El chico dio un paso y el hombre con su casa a cuestas entró en la casa. Había un hogar cerca de una mesa muy antigua y encima del hogar había las cornamentas de un ciervo enorme. Todo estaba muy limpio, y el hombre se sacó sus botas para no llevar barro a  la casa. Sacó la casita fuera de su espalda con hombros y brazos fuertes de un hombre el cuál llevaba mucho tiempo diambulando. Esos  hombros que llevaban el futuro de todos… 

El hombre dejó su casita encima de la mesa, y se sentó mientras el chico calentaba la sopa encima de la estufa. Cuando el fuego se encendió y la sopa estaba calentándose, el chico vino con una silla y se sentó cerca del hombre. El hombre miró al chico y dijo, “A ver, qué está pasando en su futuro, amigo.” Con dedos gordos y fuertes, abrió la puerta de la casita y el chico puso su cabeza cerca de la puerta y miró con un ojo cerrado, desde la puerta de la casita. “¿Y qué ves, amigo mío?” 

El chico era bizco, pero después de un momento pudo ver qué estaba pasando en la casita. “¡Vi un hombre, !” dijo el chico. “¿Quién es él…soy yo? No puede ser. El es muy alto y guapo, además llevando traje — y tiene una castaña en su mano. ¿Qué haces con esta castaña, chiquito?” El chico apartó de la casita, y miró que el hombre con su casa a cuestas tuvo una castaña en la palma de su mano.

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